martes, 19 de diciembre de 2017

DIARIO

Diario
12 de diciembre del 2017



Soy una casa deshabitada
una palabra tartamuda
una caricia que espera
una isla
un barco que naufraga en alta mar
Paraguas sin aguaceros
Canto a Piaff, a Buicka a Serrat y grito mi corazón desnudo como si fuera un jazz o un tango .¿que alguien me salve, por favor! Voy muriendo y me tiembla la voz y la mano y todo el cuerpo... Cómo olvido el sabor de tus ojos y la pequeñez de tu boca.
Nada podré olvidar al menos en estos días de lluvia y frío donde nos prometíamos estar juntos.
Donde me decía: imagine que ahí estoy junto a usted y que soy su almohada... pero el recuerdo no me salva por ahora .
Debo dejarte ir y volverme al olvido y al silencio como mis únicas batallas.
Todo de mí te pertenece.
Estoy vacía.
©K.V

viernes, 17 de noviembre de 2017

Diario

17 de noviembre del año 2017
10: 00am

Tengo en mi las horas quebradizas del insomnio.
Un tartamudeo de palabras
El ruido de un piano que jamás volví a tocar.

Tengo en mi el sabor de tu boca recorriendome entera, sin prisa.
Descubriendo la discografía de orgasmos que provocas.
Todo esto quisiera dártelo en una caricia
Tengo en mi el temblor de la espera
el tiempo yendo y viniendo.
Y cuando venís soy la gaviota que se adueña de su mar.


© Karen Valladares

martes, 31 de octubre de 2017

Hay que volver

"Las voces se elevan queriendo matizar las aspiraciones de soledad a que obligan
los espacios"
A.Pizarnik.

Hay que volver a veces al silencio. 
A la oscura hora que pertenece al insomnio
A la palabra quebrada que sale de mis ojos y de mis manos. 
A la duda que martilla sobre la pregunta
Al espantapajaros que es tu recuerdo.
Hay que volver a la palidez de la voz que no nos pertenece.
A la silueta en la pared que se desborda.
Al viento frío que empaña la ventana.
A una espalda desnuda esperando una caricia precisa.
Hay que volver al naufragio de intentos abandonados
A las ganas de decir algo, cualquier cosa que nos taladre el corazón.
A la página arrugada
A las ganas de no pensarlo y repetir su nombre mil veces.
Fallece el insomnio,
Manecillas adormecidas son mis lágrimas,
nada tengo que decir.
Hay que volver a veces al silencio.
Al vacío,
a la nada,
a las horas cansadas de la espera.
La luz que raspa la pupila
Dibujo desteñido.
Aguacero por venir.
Hay que volver al hundimiento de la palabra que duele
que rasguña el más profundo dolor
la soledad más áspera, la más terrible necesidad de gritarlo todo, pero con miedo.
Sospecho que nada de esto dolerá.
©Karen M Valladares
Derechos reservados.

miércoles, 6 de septiembre de 2017



“Concédeme esos cielos, 
esos mundos dormidos, el peso del silencio, ese arco, ese abandono, 
enciéndeme las manos, ahóndame la vida con la dádiva dulce que te pido”
Idea Vilariño

Dame la hoja caída del árbol
El silencio póstumo de las cigarras después de la lluvia
La neblina de una madrugada de invierno
El ardor del sol en pleno mediodía
El litoral del horizonte más lejano
El  ritual de las palomillas debajo de una lámpara
Las manos cruzadas como símbolo de espera
El temblor del parpado como único misterio
La lluvia no importa en este preciso momento.
Dame:
La brevedad de la caricia ante un cuerpo desnudo imaginado.
El orgasmo partido en pedazos
el sabor de unos labios insípidos
lo agridulce de una espera
la tarde que sorprende a veces con algún color raro en el cielo.
Dame la silaba que falta en la palabra
El latir de la bestia
El corazón roto de una mujer despechada.
El llanto, el rostro humedecido, el labio tembloroso.
La página arrugada

El remedio casero para el olvido.

©Karen Valladares. 

viernes, 18 de agosto de 2017

Duele

Duele el vacío claroscuro de tus brazos
La esquizofrenia del desvelo en la primera hora de la mañana.
La taza de café temblorosa en la mano.
El Grito que rasguña la garganta. El aroma de tu nombre que revuelve el recuerdo
Duele la circunferencia de tus manos sin tocarme
Tu cuerpo desnudo, abismo al que deseo caer profundamente
Silbato de la noche
Preludio del deseo
Acorde desafinado
Constelación de mariposas dormidas
Misterio detrás del parpado
Suicidio del tiempo en mis rodillas.
Duele el invierno y no poder detener la lluvia con un abrazo nuestro.
La distancia es un flamenco, piano roto, acorde para chelo y trompeta.
Orquesta sin ritmo.
Tierra húmeda del olvido, manos vacías, mi propio naufragio
Simulacro de abandono.
©k.v.

domingo, 13 de agosto de 2017

Breve reseña sobre el Festival Internacional de poesía "Los confines" Gracias Lempira. Honduras, julio 2017

Con la organización de Néstor Ulloa, Salvador Madrid, Ethel Ayala, entre otros, surge la idea de crear el 1er festival internacional de poesía con sede en Honduras. 60 artistas participamos los últimos días del mes de julio. Entre música de orquesta, trova, jazz, bossa, se realizó esta actividad. La cuál se llevó a cabo en la ciudad de Gracias Lempira. Poetas de gran trayectoria, con reconocimiento internacional, galardones, premios importantes, tuvieron la oportunidad de compartir su trabajo con poetas locales. Poetas como : Rosa Chávez, Javier Alvarado, Alfredo Trejos, Rebeca Bolaño, Daniel Sada, el poeta Fakhry Rattouth por mencionar algunos. 










La hermandad en esos días era evidente, sentir el abrazo que nos acogió a los poetas locales en un bus de la UNAH, Mayra Oyuela, Yolany Martínez, Armando Maldonado, Néstor Ulloa, Venus Mejía, Albany Flores, Karen Valladares, Marvin Valladares Drago, Martín Cálix, unidos en un sólo propósito. Llegar a una de las ciudades más hermosas que tiene Honduras, llegar a los confines, llegar al frío de la noche, al cansancio, a las pláticas, ver el movimiento de los organizadores ir y venir sin importar el aguacero que cayó la noche en que llegamos, pero eso no paró tan importante evento, mientras la orquesta dirigida por el maestro Jorge Mejía tocaba sus mejores temas, afuera llovía a cántaros leímos lo que considerábamos nuestro mejor trabajo, sin importar quizá los nervios al ver tanto público esperando oírnos, empezamos uno a uno, pasando el micrófono, siguiendo la línea de lectura que había hecho el poeta anterior siempre había lluvia, los truenos, el calorcito del ron, del tequila, del café o del té. Nada detendrá ahora a los confines, nada, cortará el sueño, la señal de humo, el viento que galopa sobre esta bellísima idea, donde la idea es que Honduras tenga patrimonios culturales , fomentar la lectura, la escritura, el arte con este tipo de actividades. Ahora solo nos queda agradecer y esperar el próximo festival. Gracias a los organizadores por convocar por creer en el trabajo que tenemos a los que fuimos invitado. 
GRACIAS.

Karen Valladares
Tegucigaalpa, 14 de agosto del 2017

miércoles, 7 de junio de 2017

Lo que tengo es el ruido.

Lo que tengo es el ruido
“ Y falta que uno se atreva a hacer ruido”
Lydia Daher

Lo que tengo es el ruido del fondo
Una canción vieja de los 60´s
Un vestido gris que apenas llega a la rodilla
Una luz pálida muy pálida que fallece cada vez que la miro
El viento que entra por una rejilla y que a nadie le importa.
Sospecho el llanto y limpio el rostro con un paño
Pienso en el en sus grandes ojos cafés
Y eso jamás fue mío.
Lo que tengo es el ruido de fondo
La circunferencia de mis manos vacías
Y la planicie de mi cuerpo ahora que te has ido.
Voy muriendo
Como gaviota sin mar
Como mar sin orilla donde estallar .
Siempre es lo mismo,
Decir tu nombre, dejarlo deslizarse hasta la última línea de mi pelvis
La cama vacía, esperando nada, esperando lo absurdo, otro silencio.
Lo que tengo es el ruido del fondo
Una canción vieja de los 60´s
Un montón de páginas en blanco, muchas cosas por decirte
El murmullo de una canción que he pensado en dedicarte
El recuerdo de tu cuerpo sobre el mío
Nada ahora en mis labios,
En mis manos,
En mis ojos.
Lo que tengo es el ruido del fondo
Una canción vieja de los 60´s
Y un recuerdo que florece mi boca cuando lo digo.


 ©Karen Valladares. 

martes, 30 de mayo de 2017

Pude decir las cosas de otro modo



Pude quizá, decir las cosas de otro modo.
No pensar en sus formas ni en sus cosas.
No sentir la última orilla de su filo
Todo puede ser distinto
Incluso cuando nada importa
Cuando todo está acabado
Terriblemente acabado.
Pude, quizás, decir las cosas de otro modo.
Lanzar la palabra como bala
Como pájaro al viento
Como piedra al vacío
como moneda al pozo .
Pude quizás decir que no puedo conmigo misma
Que dentro de  mi hay una  bandada de pájaros
Hay raíces que van creciendo y me destruyen de a poco
Hay luciérnagas que parpadean y pardean y raspan los costados
Como si esa fuera su única misión.
Soy la estación a la que nadie baja o sube.
Presiento a veces el llanto raspando las pupilas
O el viento que alborota sin gracia mi pelo.
Todo puede ser diferente.
Sin importar el dolor de tu ausencia ahora que te has ido.
No quiero pensar en el ruido que has dejado
Ni el la voz diminuta que me atormenta.
La soledad es una bocanada de humo algunas veces.
Pero te juro que no importa
Que nada duele
Que nada me arrebata la vida
Ni lloro, ni nada, absolutamente nada.
Pude quizás decir las cosas de otro modo
Pero No lo hice

No lo hice. 

©Karen Valladares.

viernes, 21 de abril de 2017

No sé

No sé cuándo he de olvidarte.
Cuándo se evaporará tu cuerpo en mi cuerpo.
No sé en qué momento dejaré de decir tu nombre
de verme al espejo y verte en él,
nada importa en este momento;
no estas,
no me buscas,
no pronuncias mi desnudez cuando más solo te encuentras.
No hay nada que te traiga a tí.
Mi amor se oculta cuando se va la tarde.
No sé otras formas de decir tu cuerpo
No sé otras formas de decir soledad mía y tuya
soledad nuestra.
No sé cuándo he de olvidarte
No sé detener el tiempo
no sé cómo se dice silencio sin saborear el llanto
no sé cómo se dice dolor sin verme abandonada.
Todo te recuerda este día.
Entonces.
Duele la soledad,
duele tu reflejo en mi reflejo solo.


Karen Mayela Valladares

miércoles, 5 de abril de 2017

Insípida.



A nada sabe la tarde. A viento helado, quizás. Al ruido del televisor
A la mirada oblicua, al desencanto de tu abandono. Al intento de querer llamarte y decirte muchas cosas aunque me tiemble la voz. Pienso todas las tardes en irme, en lanzarme como piedra al río o al abismo o como quien lanza un pájaro con alas rotas  al viento. No pienso en la caída, no pienso en el triste recuerdo del llanto. Duele tu ausencia cada noche, cada día, cada segundo que transcurre. Duele.
Voy a enterrar lo que duele, lo que hiere, lo que no transpira. Moriré cada vez que sea necesario, mientras arrugo una página en blanco, mientras tirita la palabra, mientras voy quitando el vestido y cruzo las piernas y no fingiré que nada importa, que todo es absurdo.
Moriré mientras me consumo en una absurda soledad, blanquísima como la luz de una neblina.

Todo duele en este preciso momento y no estas, no estás, no estás para calmar mi dolor.

©Karen Valladares.